
Llegó marzo...
Muchos niños en esta época del año que se aproxima el inicio de clases, se sienten tristes por tener que ir al colegio, estudiar y tener obligaciones que cumplir. Sin embargo, es tarea de padres, familiares y amigos, de cambiar los paradigmas de los niños que se sienten así, nutriendo de pensamientos positivos la educación y su potencial fortalecedor de sus espíritus y su vida en general.
Es bueno preguntarse ¿para qué nos educamos? ¿cuál es el sentido que le damos a la educación en nuestra vida? Muchas pueden ser las respuestas, que seguramente estarán relacionadas con las experiencias de fracaso o éxito que nos hemos relacionado en nuestra vida o las experiencias de nuestros ancestros, quienes nos han transmitido para bien o mal, sus temores, frustraciones o sus éxitos y aprendizajes con relación a la educación.
Independiente de la respuesta, la educación abre puertas a nuevas oportunidades, hacia aprendizajes que se van descubriendo, como un juego que nunca acaba, ya que al acceder a un nuevo conocimiento se abre un mundo nuevo y ese nuevo mundo lleva a otro mayor, dándose paso a un camino sin fin.
Incentivar a nuestros niños a estudiar, dándole un sentido más trascendente y positivo a la educación, es una tarea imprescindible si queremos que sean personas creativas, inquietas intelectualmente, útiles a la sociedad y para que se sientan personas completas, satisfechas consigo mismos por sus avances y logros.
La educación es la mejor herencia que podemos dejar a nuestros niños.
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